07
nov
2016
Las quejas son el lenguaje de la derrota

El Gran Premio de México ha venido a confirmar unas cuantas cosas. Una de ellas es que cuando se hace referencia a “El circo de la Fórmula 1” no se está usando precisamente un eufemismo. Otra es que cuando un gran premio es un tostón, la única forma de “animarlo” es que gente con menos criterio que los que verifican las cuentas de Twitter y cuya forma de aplicar la normativa cambia más que un camaleón en una piscina de bolas esté al cargo de la aplicación de la misma.

 

Esto no es algo nuevo. Lleva sucediendo desde hace tanto que ya nos hemos acostumbrado y esperamos las tomas de decisión arbitrarias por parte de Charlie Whiting y sus secuaces en casi cada gran premio como si fuese una tradición más, al igual que hacemos con el apagado del semáforo o el banderazo a cuadros.

Un claro ejemplo es el tema de los límites de pista. No solo hay veces que se sanciona y otras no, sino que además, ha llegado a aplicarse específicamente curva a curva en algún trazado, incluidas pruebas con sensores que detectaban cuando los monoplazas sobrepasaban esos límites. Ya puestos a hacer de la F1 un circo debería Charlie Whiting u otra mano “inocente” sacar los números al azar de las curvas a sancionar usando el bombo de un bingo de juguete.



Sucede lo mismo con las sanciones, así que sospecho que Whiting ya es poseedor de uno de esos bingos y lo usa para elegir la cantidad de segundos a sancionar o posiciones de parrilla a perder en el próximo GP.

Usando este ejemplo, la solución pasa por evitar que se superen esos límites de pista. Se leen muchas propuestas, todas validas, sin embargo soy más partidario de foso de cuatro metros de profundidad lleno de aguas pantanosas, pinchos en el fondo y cocodrilos puestos a dieta un par de meses antes, pero esto se considera crueldad animal, a lo de tener sin comer a los cocodrilos me refiero, así que tal vez sería mejor endurecer las sanciones. Por ejemplo, se podría exigir que el piloto que supere los límites de la pista pinte la línea y pianos que delimitan los mismos a brocha en los días anteriores del siguiente gran premio. Seguro que así no olvidarían donde se encuentran.

No merece la pena entrar en el debate de si las diferentes acciones en México eran sancionables o no. Para el que esto escribe la mayoría de las cosas que se sancionan en la F1 hoy día son lances de carrera. El “papelfumismo” va a conseguir que un día de estos terminemos viendo carreras de pilotos con chichoneras subidos a triciclos de colores impulsados sin pedales por sus propios pies sobre el asfalto. Que estas acciones se repitan en cada carrera se debe como digo, a la arbitrariedad y falta de criterio unánime a la hora de aplicar las reglas. Esto crea por tanto demasiados precedentes sin sancionar y cierta jurisprudencia (si se le puede llamar así) a la que agarrarse.

Se me lamentaba amargamente un buen amigo el lunes posterior al GP. Tras calificar de payasada todo el asunto sobre la decisión de quien era justo poseedor del tercer escalón del podio, se quejaba de que no estuviese clara la normativa, negro sobre blanco, como debiera ser. Le indique que negro sobre blanco ya estaba hace tiempo, pero que en cuanto a su claridad tenia mis dudas. Trate de explicarle que en mi opinión el verdadero problema estaba en quien interpretaba y aplicaba esas normas, pero que payasadas, de mal gusto eso sí, hacían unas cuantas y el último ejemplo eran sus decisiones sobre las salidas de pista de Lewis Hamilton, Max Verstappen y la acción de Sebastian Vettel con Daniel Ricciardo.

Payasada. Según la RAE (Real Academia Española) A) Acción o dicho propio de payaso. B) Acción ridícula o falta de oportunidad. Remarcamos la segunda por considerarla más apropiada y respetuosa, respeto que la FIA no parece tener por el seguidor de esta nuestra competición.

Hablando de Vettel y aunque por aquí ya hemos opinado sobre sus quejas por radio tan de moda esta temporada,  toca opinar sobre las lisonjas tan amablemente dedicadas a algunos de sus compañeros de profesión a lo largo de cada una de las sesiones del GP de México y al mismísimo Charlie Whiting en los últimos compases de la carrera.

Hemos de tener muy presente siempre, no solo en el caso de Vettel, que cuando esas comunicaciones de radio, sean del piloto que sean, llegan hasta nuestros oídos, alguien se ha tomado antes la molestia no solo de escucharlas sino que además ha dispuesto lo que quiere que escuchemos y como quiere que lo escuchemos, añadiendo por supuesto en aras de lo políticamente correcto, el famoso pitido que nos “resguarda” de las palabras malsonantes. Invito al querido lector que defina esto con la palabra que prefiera. Salvo el uso de los pitidos, debido supongo a la tan manida excusa del “horario infantil”, que tan desvergonzadamente se pasan otras veces por la entrepierna los medios, personalmente lo llamaremos censura.

No seamos hipócritas. El alemán brindó a Charlie por radio las alabanzas que muchos hemos querido dedicarle más de una vez de tener la oportunidad de hacerlo. El que sea inocente que tire la primera piedra. Para algunos es incomprensible su actitud. Desde luego un piloto al que se le supone cierta talla como lo es Vettel debido a sus cuatro títulos mundiales, no debería perder tan fácilmente los nervios aunque tenga razón y más cuando en los años que ganaba sin despeinarse muchas veces el beneficiado era él.

Sin duda Seb una de sus mejores actuaciones. Incluso teniendo en cuenta que se clasificó séptimo para encontrarse octavo tras la salida, que al llegar a Felipe Massa no fue capaz de adelantarlo hasta que el brasileño entró a boxes o que le sucedió lo mismo más tarde con Raikkonen, al que volvió a encontrarse delante tras su primera parada, debiendo esperar de nuevo a que el finlandés entrase al box para poder superarle.

Considerando a su vez, que llamó bastardo a Verstappen por radio en la vuelta 69 tras su fracaso al intentar adelantarle gracias a la discutida maniobra de este para defenderse como un gato panza arriba, durante la que bloqueó a su vez las ruedas delanteras y provocó que tuviese que abrir más su trazada para terminar saltándose las curvas 1, 2 y 3 al igual que ya había hecho Lewis Hamilton en la vuelta de salida y por lo que el piloto británico no fue sancionado ni durante, ni después de la carrera o incluso teniendo en cuenta que cuando el de Red Bull tuvo que disminuir su ritmo por el desgaste de sus neumáticos, Vettel parecía más concentrado en ganar su lucha por la tercera posición soltando bilis por radio que ganarla pilotando y no pudo adelantarlo tampoco.

Siendo incapaz de superarle, siguió protestando por radio a su equipo quejándose esta vez que Verstappen estaba frenando deliberadamente para arrinconarle contra Ricciardo que llegaba con un ritmo brutal, o que le hacía “brake testing”, también manifestando sus deseos de pegar a alguien, expresando la duda de que tenía un pinchazo en la rueda trasera izquierda...

Finalmente, pese a que desde el muro su equipo le comunicaba una y otra vez que Verstappen estaba bajo investigación y le aconsejaba que se tranquilizase, fue en ya en la vuelta 70 cuando Sebastian Vettel dedico un par de sonoros y sinceros (literalmente) “Que se joda” a Charlie Whiting.

Así que si, sin duda (¡ejem!), Vettel se marcó una carrera digna de mención. Incluso volvió a usar su tan famoso dedo índice, no para celebrar una victoria, lo cual parece que este año será un apartado en blanco, sino para mostrar un gesto de negación a Verstappen tras la bandera a cuadros.

Patético. Del lat. tardío pathetĭcus. "Que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía" señala la RAE. Adjetivo perfecto para calificar el bochorno que se vivió antes del podio con un Verstappen "aluciflipando" al enterarse apenas dos minutos antes de intentar subir al tercer cajón de que habia sido sancionado con 5 segundos por saltarse una curva que previamente "omitió" Hamilton, insistimos, sin sanción alguna. Ocuparía su cajón un Vettel aliviado, sonriente, incluso parecia tratar de ocultar su alegría por el "¡Zas! En toda la boca" que acababan de aplicarle en los despachos a Max. El bueno de Maurizio Arrivabene mientras tanto, sacaba pecho delante de las cámaras mientras algun miembro de la escuderia consideraba a bien dejarse los piños en el suelo al tropezarse con un bordillo.

Si, el alemán subió al tercer escalón y mientras tanto la FIA investigaba su acción con Ricciardo, para al final ser sancionado por la norma “anti-Verstappen” en favor del australiano. Dicha norma, impulsada por pilotos como Button, Alonso y … si, también Vettel entre otros antes del Gran Premio de  Estados Unidos celebrado en Austin, indica que en frenada no se puede cambiar la trayectoria. Al final con tanta norma estúpida a mi parecer, la FIA terminará por obligar que los monoplazas posean intermitentes y claxon para que puedan indicar su intención de de giro o pedir paso.

El de Heppenheim terminó mandando una carta a la FIA y a Charlie Whiting para disculparse. Me pregunto si ha hecho o tiene pensado hacer lo mismo con aquellos pilotos a los que falto el respeto durante el fin de semana.

Saber qué es lo que alimenta toda esa energía que Seb dilapida quejándose por radio solo lo sabe el propio piloto de Ferrari. Hasta cierto punto todo es justificable, pero insultar a tus compañeros de profesión o al mismísimo director de carrera por radio no es de recibo. Quizá sea la frustración de ver que los resultados no llegan como el querría, pero la tolerancia a esto es una habilidad esencial en cualquier persona y debería suponerse que lo es en un cuatro veces campeón del mundo, pero parece ser que tener cuatro trofeos de este tipo en tu salón comedor no es garantía de nada, ni siquiera de como decía Jean de la Bruyere entre otras cosas, tener el talento para hablar bien o la sabiduría necesaria para cerrar la boca.

Y así, como quien no quiere la cosa, entre la FOM eligiendo que, como y cuando debemos escuchar de las radios de los equipos en favor del espectáculo televisivo más que en interés de lo deportivo y la FIA con sus acólitos creando normas más de una vez innecesarias bajo cualquier excusa, se está alimentando el circo de la F1 permitiendo así la llegada de cierto tipo de público amante de estos jaleos que por otra parte no sé muy bien si es el que queremos.

Saludos.

Javi C. & Jose L.

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